
Esta breve anécdota de paleobalompié (23 años ya son años) ilustra cómo se puede escuchar la voz adecuada a la hora de fichar. Hoy, por contra, tenemos abundancia de lo contrario, porque hoy es la era del esplendor de los representantes-intermediarios-agentes, la era de García Quilón, de Jorge Mendes, de Ernesto Bronzetti... de los que se han hecho dueños del fútbol y lo parasitan en connivencia con directivos no muy recomendables.
Como muestra, un botón: el moroso Zaragoza, el que es incapaz de hacer frente a pagos acordados con otros clubes de nuestra Liga y que es líder en deudas, no sólo no desciende de categoría sino que disfrutará de los servicios de Roberto, ex-arquero del Atlético de Madrid y del Benfica, gracias a la intervención de un fondo de inversión que se hace con los derechos del jugador mientras que los maños apenas aportan por adquirir sus derechos federativos. No, no es que se haya producido un ataque de generosidad de un grupo especulador (mal llamado inversor) sino que imponen un jugador para que se revalorice y poder traspasarlo en el momento en que ese grupo decida y por el precio que decida.
No suena muy bien, pero hay que volver a un pasado -algo más inmediato- para ilustrarnos con un caso similar: Carlos Tévez, Javier Mascherano y el West Ham. Ambos jugadores pertenecían a Media Sport Investment, grupo interesado en adquirir a los Hammers, pero como no se reflejó claramente que la propiedad no era del club de Londres, el caso llevó a la multa más elevada jamás impuesta a un club de fútbol: 8 millones de euros.
La principal razón que lleva a aplaudir esta sanción es que los intereses de un grupo inversor no tienen por qué coincidir con los del club, y no hablo de intereses legítimos (un traspaso más elevado) sino no-tan-cristalinos. Y es que la propiedad de terceras personas ha sido vetada en el fútbol inglés mientras que está permitida en sitios como Portugal, Turquía y España, países que tienen en común escándalos de amaños de partidos. Bueno, no, España no, porque en España nunca pasa nada.